El Conde St. Germain (El Judío Errante)

Este personaje de nombre francés, y sin embargo de origen Rumano, se cree que fue hijo del último rey transilvano Francis Rácókci II. El Conde St. Germain tuvo gran repercusión en la corte francesa del siglo XVIII, donde por su misticismo e influencia, se lo podría comparar con el Rasputín de la corte rusa.
Conde de St. Germain.

Sin embargo, hasta aquí puede parecer todo normal, salvo el hecho de su interés por el ocultismo, alquimia y misticismo (asegurando él mismo haber pertenecido a la Orden de Malta), y por poseer una grandísima fortuna de origen desconocido (ya que la corte Transilvana no gozaba de su mayor esplendor). 
Todo empieza a complicarse más cuando queremos saber las fechas exactas de nacimiento y muerte. La creencia más aceptada se centra en que vivió entre los años 1696-1781, aunque hay rastros de su presencia por Europa entre las fechas de 1651 a 1896.

Si hiciéramos caso a estas últimas fechas, estaríamos hablando de una persona que como mínimo vivió 245 años, algo que parece increíble, pero lo más increíble de su historia aun está por llegar. 
Haciendo caso al sentido común, nos centraríamos en las teorías de que esta prolongada existencia, se debe a malentendidos por los diferentes nombres que tuvo que adoptar el Conde. Ya que, al igual que en la alta sociedad francesa se ganó el favor de mucha gente, también se ganó el odio de otros igualmente poderosos, entre ellos Casanova. Esto le obligó a  llevar, en cierto modo, una vida de fugitivo. Debido a ello, adoptó diversos nombres y apodos como "Marques de Aymar", "Soltikov", o "Monte Cristo".
Este último sobrenombre quizás es el más curioso, porque hay quien asegura que el famoso relato de Alexandre Dumas y Auguste Marqueet "El Conde de Monte Cristo", está basado en la vida de St. Germain.

Pero claro, si nos fuéramos a centrar en lo lógico, este blog se llamaría "Alicante Tirando a Normal" y no "Alicante Bizarro", así que permitirme adentrarme en un terreno donde se mezcla el mito y la realidad.

Los cruzados del siglo XII, habían importado desde Tierra Santa múltiples historias, entre ellas una muy conocida era la del Judío Errante. En ella se cuenta que  un guarda de nombre Cartaphilus de la corte de Poncio Pilatos estaba presente en el calvario de Cristo. Mientras Jesús de Nazareth cargaba la cruz hacia el monte Golgotha, éste desfalleció y cayó al suelo. Cartaphilus atravesó la multitud y, en tono de mofa, le dijo que se diera prisa. A la burla Jesús respondió: "Santo Hermano, yo me daré prisa, pero tu me esperarás aquí hasta que regrese."
Cartaphilus, que no había dado importancia esas palabras, comenzó a darse cuenta de que mientras sus amigos y familiares morían él ni siquiera daba señales de envejecimiento. Y así Cartaphilus vagaría por el mundo esperando la segunda venida del Señor.

Durante los siglos siguientes hay un leve rastro de Cartaphilus que, con cada nueva aparición, se aproximaba más al viejo continente. En 1740, un extraño hombre vestido de negro irrumpió en París. Sus manos llenas de anillos y  los zapatos con incrustaciones de diamantes denotaban alta cuna, pero en París se desconocía el origen de este extraño personaje. Los supersticiosos habitantes de la ciudad, al observar sus rasgos judíos, lo identificaron como Cartaphilus. Sin embargo, él se identificó como Conde de St. Germain.
Curioso nombre, ya que en francés significa Santo Hermano, que es como Cristo se dirigió a Cartaphilus.

De tratarse de Cartaphilus la longevidad de St. Germain no sería de únicamente unos ya increíbles 250 años, sino que tendría unos 900.

Por supuesto la historia y mito de St. Germain no acaba aquí, y si os ha gustado continuaremos en una próxima segunda parte.


3 comentarios:

victor dijo...

Guaua.....personaje misterioso sin duda. Espero esa segunda parte.
Un saludo.

David Valladares dijo...

La primera vez que escuché acerca de el judío errante fue de boca de mi madre era todavía un niño, contaba la anécdota de que mi abuela estaba rezando en la iglesia de San Francisco (quito Ecuador) por 1950 y mientras la gente rezaba apareció de la nada una persona misma que tenía un aire muy extraño y por tanto llamativo, se paró y miró a la majestuosa escultura de Cristo crucificado que yace aún en el pulpito central y exclamó "es el...es el" y tan repentinamente como apreció desapareció. Quedando la gente atónita y desconcertada por aquella afirmación y por el semblante de aquella extraña persona a quién asociaron con el Judío Errante.
Saludos desde Ecuador. y espero pronto la parte 2

PaleMoonlight dijo...

La segunda parte la puedes encontrar en este link http://alicantebizarro.blogspot.com.es/2015/02/el-conde-st-germain-parte-ii.html

;)

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